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Guerreros musulmanes S. XI |
Mientras se producía la toma de Salvatierra, Alfonso VIII sin intervenir se encontraba en la Sierra de San Vicente organizando junto a su hijo el Infante D. Fernando, Diego López de Haro y el Arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, la ofensiva contra el ejército Almohade en 1212.
Convocaron a las órdenes militares, mesnadas nobiliarias y milicias concejiles para su concentración en Toledo el 20 de mayo de 2012, día de Pentecostés.
D. Fernando, infante de Castilla y heredero de la corona, solicitó al Papa Inocencio III, que concediera la categoría de Cruzada a la expedición bélica convocada para el año siguiente. La desgracia hizo que el 14 de octubre de 1211 falleciera en Madrid de fiebres altas, el heredero de Alfonso VIII, el Infante D. Fernando.
Alfonso VIII ordenó a Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, canciller del reino y primado de España, que predicara dicha Cruzada. Y lo hizo, con gran éxito, aparte de ocuparse directamente de la complicada logística de la operación: mover un ejército de más de diez mil hombres durante un mes por La Mancha, despoblada y seca, en pleno verano.
Pese al llamamiento de la Cruzada, no todos los reinos cristianos acudieron. Alfonso IX de León, primo y vasallo del rey de Castilla, se negó a prestar su ayuda y aprovechó la salida de las tropas Castellanas hacia el sur para invadir la Tierra de Campos y Portugal.
La participación de Sancho el Fuerte de Navarra, primo del rey castellano, fue simbólica, pues era amigo de al-Nasir, que le había proporcionado grandes sumas de dinero. Todo lo contrario que Pedro II de Aragón -Pedro I de Cataluña-, quien, desde el primer momento, fue incondicional colaborador de Alfonso VIII y, junto a él, todos los grandes magnates de su reino.
A la concentración de Toledo llegaron además numerosos cruzados de toda Europa, especialmente del Mediodía francés, pero también de Alemania e Inglaterra. Son los llamados ultramontanos en la Crónica del Arzobispo de Toledo.
Aparte de las motivaciones religiosas, muchos soldados acudieron al llamamiento a cambio de una contrapartida material con la mente puesta en un enriquecimiento rápido que compensara los riesgos y sufrimientos.
En la campaña de las Navas la riqueza comenzó a fluir desde la conquista de las fortalezas entre Toledo y Sierra Morena.
Castillos como los de Malagón, Benavente, Alarcos o Caracuel no se encontraban especialmente surtidos de riquezas. En Calatrava por el contrario las ganancias conseguidas fueron sustanciosas. El botín se repartió a partes iguales entre ultramontanos y aragoneses.
Anexo 10) Castillo de Benavente
Ruinas del castillo de Benavente |
El castillo de Benavente se encuentra a las afueras de la ciudad de Ciudad Real, en el despoblado de Benavente.
Se puede llegar a él por la carretera N-430 saliendo de Ciudad Real en dirección a Piedrabuena, una vez pasado el puente de Alarcos y la torre de Galiana.
De origen musulmán, era un pequeño castillo de forma cuadrangular con torre en el centro. Se despobló definitivamente con la expulsión de los moriscos en 1600.
De sus restos tan solo queda trozos de muralla y un aljibe en el centro del castillo.